Entrevista | Luis Merlo: “La guerra de los egos me da pereza”

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Entrevista | Luis Merlo: “La guerra de los egos me da pereza”

Dijo un día que el teatro era lo más próximo a la excitación. No cabe duda de ello: la mascarilla no calla la mirada. Hay cansancio en sus ojos, pero la ilusión que encierran es inocultable. Nos sentamos a charlar y no deja de dar las gracias. Por poder actuar, por reencontrarse con el público, por seguir desarrollando su pasión. Luis Merlo es uno de los protagonistas de El método Grönholm (Jordi Galcerán, Tamzin Towsend), una “comedia salvaje” que podrá disfrutarse en el Teatro Cofidís Alcazar, en Madrid (calle Alcalá, 20), hasta el próximo 11 de octubre.

¿Cómo vivió la vuelta a los escenarios tras el encierro? Afortunadamente, mi hermano [Pedro Larrañaga], que es un productor muy sabio, ayudó a que pudiéramos llevar a cabo la gira de verano que solemos hacer. Hemos estado en San Sebastián, después en Pamplona y luego en Logroño. Los protocolos contra la Covid-19 son severos, muy severos. Es importante recordar que nadie se ha contagiado en el teatro hasta la fecha. Yo siempre digo que soy como los de antes: trabajo para el público. Lo que a mí me gusta cuando veo un espectáculo es que me hagan olvidar los problemas. Y los que el público traía eran muy gordos. Era realmente difícil evadirlos.

¿Lo lograron? Sí, porque amamos lo que hacemos. Tengo unos compañeros increíbles y todos trabajamos con esa meta. En San Sebastián, cuando dieron la luz y vi a los espectadores con las mascarillas puestas, separados de sus acompañantes… me eché a llorar. Volví a escuchar las carcajadas, los aplausos y cada “bravo”. Mi carrera se la dedico a ellos, a los que están ahí bajo cualquier condición. Quiero dar gracias al público por volver al teatro.

¿Cuál fue su vía de escape lejos de las tablas? Siempre digo que soy un privilegiado, y más ahora: vivo en la Sierra y tengo un jardín para salir y ver la montaña. También una pantalla de cine, porque soy muy cinéfilo; y muchísimos libros, porque también soy bibliófilo. Vivo solo con cinco perros adoptados y, por suerte, tengo muchísimos amigos con los que hablo por teléfono. Ah, y ventanas. Mi casa está llena de ventanas. He podido distraerme, pero hay quienes no han tenido esa suerte.

La cuarentena no ha sido igual para todo el mundo… No debemos olvidar a los que lo han pasado peor: esas familias de seis personas que viven en una casa pequeña con una sola ventanita. Yo solo puedo dar gracias a la vida por tener un hogar que he elegido yo, un espacio donde poder ser libre.

El sector cultural denuncia sentirse abandonado. Muestra de ello fue la manifestación de Alerta Roja. ¿Cómo lo ve desde el teatro? Abrir un teatro me parece una responsabilidad enorme. Se están aplicando muchas medidas que afectan a los empresarios del sector, pero también a los espectadores. Insisto: agradezco que vengan a vernos. Asistir como público ahora es diferente, pero existe un compromiso por su parte.

En la obra, da vida a Fernando. ¿Cómo es él? No tiene nada que ver conmigo. Fernando es de esas personas que son capaces de hacer lo que sea por conseguir lo que quieren. Él lucha por el puesto de trabajo al que aspira y no hay nada que se lo impida, ni siquiera el pudor. En fin, ¿qué somos capaces de hacer por gustar? Las pruebas que los aspirantes deben superar son muy locas, pero él es capaz de todo.

Así es la vida: o comes o te comen. Sí, pero no puedo decir más, hay muchas sorpresas. Quizá, los esfuerzos de Fernando no valen la pena…

Dice que Luis no tiene nada que ver con Fernando. Bueno, en mi vida, yo siempre he sido de los que se han dejado imponer. Me dan mucha pereza algunas cosas.

¿Discutir…? Luchar. Me da mucha pereza luchar. A estas alturas, hablo de cosas que ya no tienen importancia. A veces, recuerdo cuando era joven y me digo a mí mismo: “Luis, esta no es tu guerra”.

¿Cuál? La de los egos. Me da pereza. Veo muchos en esta profesión. Hay personas que juegan pase lo que pase, que viven en el egocentrismo. Me dan bastante risa. Si se vieran desde fuera y tomaran nota de lo ridículos que son… De hecho, estoy pensando en alguien en concreto.

¿No me va a decir quién es? Por supuesto que no.

¿Qué ocurrió? Esta persona invadió, entre comillas, una comida que yo tenía con un director porque estaba buscando casa. Tuvimos una relación magnífica pero, pasados los años, decidió no hablarme. Ay, si supiera lo ridícula que es defendiendo algo que yo he tenido en mi familia… Actores y actrices mejores de lo que ella será nunca. ¡Ni aunque se fuera a Lourdes! Pero yo nunca he jugado a esto. En fin…

Hace unos días, escribió: “A veces, por casualidad, llega gente a nuestra vida que nos hace mejores personas. Que oyen incluso lo que no decimos”. También hay personas buenas. Los valores importantes siempre van a serlo. ¿Qué pasa ahora con los que piensan que su vida es más valiosa que la del resto? ¿Y con la arrogancia en mi profesión, en la política…? Todas estas no aportan nada. En estos momentos, solo importa la humanidad, la lucha por el compañero humano. Vivir sin agredir ni pisar a nadie.

Hablemos de televisión. ¿Estará Bruno en los nuevos episodios de La que se avecina? ¡Sí! Se han hecho unos decorados nuevos en otros estudios. Empezaríamos en septiembre de 2021. Que cuenten conmigo es un gran lujo. Los productores y directores de la serie son personas a las que he visto hacer su camino desde muy jóvenes. Laura y Alberto Caballero [los creadores de la ficción] siempre me han recibido con los brazos abiertos. Se lo agradezco enormemente.

Comparte muchas lecciones en sus redes sociales. ¿Un lema que lleve por bandera? ¡Uf, estoy lleno de frases! Me encanta leer y apuntar las que me gustan, pero son demasiadas, así que ahora mismo no sabría decirte una. Lo siento, de verdad.

¿Es de los que ven el vaso medio lleno o medio vacío? Ahora mismo, lo veo medio lleno. Lo he visto medio vacío mucho tiempo. Por eso siempre digo que, en el camino de la vida, soy mejor de lo que fui. Todo ser humano debe aspirar a mejorar, no a vivir en sus batallitas pasadas. Como te he dicho, a mí eso ya no me interesa. Mira, apunta esto: no te fíes de quien siempre habla de sus victorias del pasado en vez de lo que debe lograr mañana. Este es mi lema.

El método Grönholm es una obra de teatro de un solo acto que nació en 2003 de la mano de Jordi Galcerán. Sus protagonistas son los últimos aspirantes a conseguir un cargo ejecutivo en una multinacional. Interpretados por Luis Merlo, Jorge Bosch, Marta Belenguer y Vicente Romero, estos deben someterse a la prueba final del proceso de selección, la cual termina en un combate donde la astucia, la crueldad y la falta de escrúpulos parecen no tener límites.

Marta Belenguer la describe como “una comedia despiadada sobre el mundo de los negocios” y como un reflejo de “la crueldad del ser humano cuando se le pone en ciertas tesituras a la hora de competir”. En cuanto a las pruebas que deben pasar los aspirantes, asegura que son “muy divertidas”.

Lo mismo dice Jorge Bosch: “La gente se lo pasa bien, es una historia muy cabrona”. El método Grönholm no se aleja tanto de la precariedad que sufren quienes hoy se sienten desesperados por conseguir un puesto de trabajo. Ambos artistas coinciden: la realidad puede superar a la ficción.

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