25 años sin ‘la dolce vita’ o los recuerdos de Federico Fellini

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25 años sin ‘la dolce vita’ o los recuerdos de Federico Fellini

CARLES RULL

  • ‘La dolce vita’, ‘Las noches de Cabiria’, ‘Ocho y medio’ o ‘Amarcord’ son algunas de sus obras maestras.
  • El 31 de octubre se cumplen 25 años de la muerte del famoso director italiano. VOTA: ¿Su mejor película?

Federico Fellini

“No me parece que deforme la realidad, en todo caso la represento. Basta con mirar en el espejo o en el alrededor para advertir que estamos rodeados de rostros cómicos, horrorosos, deformes, siniestros, atónitos. Nuestros rostros, los mismos rostros de la vida” comentaría Federico Fellini a propósito de su cine. La suya era una interpretación fantasiosa, a menudo barroca y festiva, por muy grotesca o decadente que fuera.

La realidad es un sueño, o al menos el modo que tenemos de recordarla. Era su particular mirada a los personajes y fue pionero y único en la forma de contar sus historias. Es de los pocos cineastas cuyo apellido incluso ha dado lugar a un adjetivo, el de “felliniano”. Barroco, excesivo, onírico, caricaturesco y libre.

Se le puede recordar por todo esto o incluso por la opulencia carnal de su personajes femeninos, con especial predilección por los pechos voluminosos. Eran sus maggioratas como Anita Ekberg refrescándose en la Fontana de Trevi de Roma en La dolce vita (1960) o la rotunda estanquera de Amarcord (1973). “La belleza de la vida son las mujeres, nadie las ama tanto como yo. Las adoro a todas, las feas, las guapas, las frígidas, las sexis y especialmente las que son material para el cine, sombras y luz”, aseguraría Fellini. También adoraba rodar en los estudios romanos de cinecittà.

Marcello Mastroianni fue su actor fetiche, su más perfecto alter ego en la pantalla como el periodista ocioso de La dolce vita, el director de cine en crisis de Ocho y medio (8 1/2) de 1963, el hombre de negocios abrumado de La ciudad de las mujeres (1980) o el veterano bailarín de Ginger y Fred (1986).

Y su actriz más emblemática fue su propia esposa, Giulietta Masina. Ambos se conocieron y enamoraron en su etapa primeriza, cuando trabajaban en la radio. Juntos colaboraron en siete películas, La Strada (1954), Las noches de Cabiria (1957), Giulietta de los espíritus (1963) o la misma Ginger y Fred entre ellas. Giulietta era en gran parte su musa, pero la banda sonora de su vida la pondría el gran compositor Nino Rota. Algunas de sus partituras son de las más emblemáticas de la historia del cine.

Ginger y Fred (1986)

Los inútiles (1953) se convirtió en la primera de las grandes películas de Fellini. También disfrutó rodando entre los ostentosos decorados y vestuarios de Satiricón (1969), Casanova (1976) o E la nave va (1983). La voz de la Luna, de 1990 y protagonizada por Roberto Benigni, sería su última película.

En total 19 largometrajes, además de tres segmentos para películas de episodios (uno de ellos icónico, Toby Dammit, y su única incursión en el terror puro para Historias extraordinarias, de 1968), y unos pocos trabajos para televisión.

Y en el fondo todas trataban sobre el artista hablando de sí mismo. “Me parece haber rodado siempre la misma película” diría. Y de ser así no lo hizo nada mal. Sus obras le hicieron ganar el Óscar a la mejor película de habla no inglesa en cuatro ocasiones; y el reconocimiento no se limitaría a la crítica o estudiosos, también el público lo encumbró.

El 31 de octubre se cumplen 25 años de su muerte. Falleció a los 73 en Roma a causa de un infarto de miocardio cuando aún estaba hospitalizado. Giulietta le seguiría unos meses después, en marzo del año siguiente.

Cuatro magistrales estampas “fellinianas”

Las noches de Cabiria (1957)

Un portentoso retrato de mujer, Giulietta Massina en ‘Las noches de Cabiria’ (1957). Giulietta Masina recuperó su papel de Cabiria que ya apareció en El jeque blanco (1952), una prostituta ingenua y de buen corazón que se busca la vida en las calles de uno de los barrios más pobres de Roma. Pese a las humillaciones y penurias, todavía confía en encontrar algún día al hombre que se case con ella y la haga feliz.

La dolce vita (1960)

El baño de Anita Ekberg en la Fontana de Trevi en ‘La dolce vita’ (1960). Fellini fijó su mirada en las fiestas y las formas de pasar el tiempo, también en el vacío, de los más ricos entregados al ocio de la noche romana. Marcello Mastroianni encarnó a un periodista y Walter Santesso a Paparazzo, un fotógrafo sin reparos en asediar a las celebridades y cuyo personaje dio origen al término paparazzi.

Ocho y medio (1963)

Marcelo Mastroianni en ‘Ocho y medio’ (1963). Crisis e inspiración de un director de cine. Compleja y surrealista, es otra de las obras maestras más reconocidas del cineasta italiano. Mastroianni interpretó a Guido, un director rebuscando entre sus fantasías, recuerdos, obsesiones o los recuerdos de las que han sido las mujeres de su vida. Fellini la tituló así porque era la octava película y media de su filmografía (la mitad la conformaban los dos episodios que dirigió respectivamente para L’amore in città y Boccaccio ’70).

Amarcord (1973)

Los recuerdos deformados y la estanquera de ‘Amarcord’ (1973). Un homenaje a la Italia de los años 30 e inspirada en escenas de su infancia. La localidad ficticia de Borgo era un trasunto de su ciudad natal. Rímini. El relato está formado por una sucesión de episodios en tono caricaturesco. Exageración y sensibilidad, un canto a la vida y al cine. Entre las escenas más recordadas, la estanquera de enormes pechos (Maria Antonietta Beluzzi) “seduciendo” a un joven.

(Imagen texto: Giulietta Massina y Marcello Mastraoianni en ‘Ginger y Fred’ de Fellini ®Rai 1)

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